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miércoles, 2 de febrero de 2011

Entrevista en Heineken.es


Parece que el asturiano no para de dar entrevistas y en esta ocasión le ha tocado el turno a Heineken.es (¡gracias por el chivatazo Carlos!). La reproducimos a continuación por su interés:


Nacho Vegas recibe a Heineken.es en la sede de I’m An Artist, su oficina de representación. En plena ronda promocional, parapetado tras una mesa casi vacía - botella de agua mineral, vaso, periódico y CD son los únicos elementos del bodegón-, parece estar pasando consulta. El motivo de nuestro encuentro es la inminente publicación de “La Zona Sucia”, quinto álbum a su nombre y primero de los que publica lejos del palio Limbo Starr, la discográfica que le apoyó desde el principio y durante todo un decenio.

Vegas quería probar nuevas formas de organización, distribución y trabajo. Junto a colegas como Fernando Alfaro y Raül “Refree” Fernández, con el apoyo logístico de I’m An Artist, ha creado Marxophone, sello auto-editor cuyo modus operandi ratifica su visión respecto a la crisis de la gran industria discográfica. “Creo que las grandes discográficas fueron creando un monstruo enorme en los años de vacas gordas y ahora no saben cómo alimentarlo”, explica, dejando claro que los problemas de dicho sector no van con él: “Esta crisis está reforzando mucho el mercado del vinilo, nosotros ahora estamos trabajando con autoediciones y se está volviendo a los momentos en que no existía el gran negocio, cuando los músicos grababan sus canciones para buscar conciertos”. Convencido de la higiene implícita en dicha transformación, vaticina: “El mercado sigue estando en manos de las cuatro grandes, pero creo que esa situación no va a durar mucho. Al contrario que con la crisis financiera mundial, en la que ninguno de los responsables ha tenido que pagar por ello, en la industria de la música sí se ha dado eso. Los que se han lucrado durante años vendiendo el CD a precios desorbitados ahora se ven doblegados por el propio invento que les hizo ricos. Eso es bueno, es casi una forma de justicia poética”.

Amable, educado y de conversación generosa, Vegas habla de un nuevo modelo discográfico basado en “la resistencia” y califica de “increíble” la Ley Sinde. Podríamos tirar del hilo sociopolítico, que a veces da para mucho, pero las canciones de “La Zona Sucia” ya han esperado bastante. Así que vamos al lío.

Pregunta: ¿Esta copia del “i” de The Magnetic Fields es tuya?
Respuesta: Sí. Soy muy fan. La portada del disco es un troquelado y la idea viene por éste disco. Pero sí, soy muy fan.

P: ¿Y éste en concreto te gusta más que otros?
R: Este me gusta muchísimo. “Distortion” quizá me guste incluso más, aunque en realidad me gustan casi todos. Me gusta leer entrevistas de Stephin Merritt porque suele decir cosas interesantes sobre el oficio de escribir canciones y cómo lo entiende él. Siempre hace canciones de amor, parece que todas son sobre lo mismo, pero siempre son diferentes. Esta mañana me preguntaban en otra entrevista si no tenía miedo a repetirme. Me lo preguntan mucho ahora, no sé si porque en éste nuevo disco soy reiterativo. Siempre pienso en cómo lo hace Stephin Merritt porque, aunque siempre habla de lo mismo, cada canción tiene algo nuevo. Es el mejor escritor de canciones de amor ahora mismo.

P: ¿Te gustan las canciones de amor?
R: Sí, claro. El amor es un sentimiento muy extremo. Algo muy poderoso y a la vez inservible, algo que no vale para nada pero que es muy importante. Las cosas importantes de la vida son así: inútiles y necesarias a la vez. Por eso tantas canciones y tanta literatura sobre el amor.

P: Muchos opinan que en la música, el cine o la literatura siempre se da vueltas a lo mismo y que, en realidad, los temas a tratar no son tantos. ¿Cómo lo ves tú?
R: Sí, es cierto. Hay unos temas universales que ya están en la Biblia. Es más importante la forma que el fondo, la manera en que haces las cosas. Las canciones son maneras de mirar las cosas y el mundo. En las canciones, intento adoptar varios puntos de vista. Incluso utilizando mucho la primera persona puedes estar refiriéndote a distintas primeras personas, para tomar distancia con las cosas de distinta manera. Los temas son los mismos pero, dependiendo de la edad, puedes verlos de manera distinta. Es todo un aprendizaje, un camino. Incluso reduciéndolo todo a cuatro cosas, puedes encontrar algo nuevo. Por eso puedes escuchar una canción que habla de lo de siempre pero que tiene algo… algo que tú sabías que estaba ahí pero que no habías logrado expresar. Cuanto más escuchas, más cuenta te das de lo que tienes que aprender. Por eso veo difícil el repetirse.

P: Has dicho que el amor no sirve para nada en concreto, pero “La Zona Sucia” me parece tu disco más sentimental, por decirlo de alguna manera.
R: Es verdad, aunque tampoco era consciente de ello cuando estaba grabando las canciones. Siempre grabo más de las que terminan yendo en los discos y luego me decanto por unas u otras para que vayan en el álbum. No tenía conciencia de qué era lo que podía unir unas con otras; cuando escuché las primeras mezclas sí me di cuenta de que, efectivamente, era más sentimental. No sé, supongo que depende del momento vital. Esta cosa que tiene el amor, que es poderoso y frágil, que te puede llevar del cielo al infierno sin que te des cuenta, es una paradoja que nutre muchas canciones. Es algo tan extraño, tan difícil de explicar con la lógica, que al final te empuja a escribir una canción.

P: Afrontar las contradicciones del amor a través de las canciones, ¿ayuda en algo o no soluciona gran cosa?
R: No, no soluciona gran cosa. No soluciona nada, la verdad. Las canciones son preguntas con las que nunca obtienes respuestas, sino otra pregunta que te lleva a otra canción. Eso es lo importante, el camino, no el sitio al que quieres llegar. Estos sentimientos confusos y caóticos te empujan a escribir canciones pero, como mucho, constatas ese caos, ni siquiera lo ordenas. Si fuera tan fácil...

P: Sin embargo, muchos autores hablan de las propiedades terapéuticas que pueden llegar a tener las canciones.
R: Creo que era Christina Rosenvinge quien me decía que las canciones eran algo así como el maravilloso efecto secundario de una enfermedad. Esto de hacer canciones como terapia… no sé… las terapias tienen que ser funcionales, tienen que dar algún resultado. Y en la mayoría de los casos las canciones no lo dan, aunque te lo puedes creer. Me parece que los que dicen eso se refieren más a un efecto placebo que tiene que ver con pensar que estas haciendo lo que tienes que hacer; que el dedicarte a tu trabajo te da cierta salud. Está bien creer que las canciones tienen un poder más allá del que realmente tienen, pero no dejan de ser eso, canciones.

P: Hay quien piensa que las canciones no sirven para nada, que es como decir que pueden servir para cualquier cosa, en un momento dado.
R: No hay un para que, pero sí un por qué. Tiene que haber una razón poderosa que te empuja a hacerlo. Esa razón es principio y fin en sí misma, algo que tiene sentido por sí mismo. El amor tampoco sirve para nada, es algo que sientes y vincula tus actos y tu forma de ver la vida. No es útil, pero sí necesario. Y no puedes evitarlo. Esas son las cosas importantes de la vida.

P: Se suele hacer una aproximación biográfica a tu obra, aunque no sé si los discos son una buena forma de conocer a quien los hace.
R: Creo que no. Lo que pasa es que las vivencias personales son una buena materia prima para las canciones. Pero si haces pública tu experiencia personal, debes crear cierta distancia con la canción. Al volcar una experiencia personal en la canción, transformas la realidad de alguna manera, y transformarla implica a veces el convertirla en ficción. Buscas sacar algo esencial, revelador, en todas esas cosas. Algo que te parezca que da sentido al desorden de la realidad. La intención es partir de la experiencia personal para llegar a algo más universal. Pero no creo que se pueda conocer a alguien solo a través de sus canciones. A veces me agobio en los conciertos cuando conozco a alguien que saca conclusiones sobre mi vida. Me han dicho muchas veces que soy un atormentado o que estoy todo el día jodido… es cierto que la armonía no me empuja a escribir canciones, pero eso no quiere decir que no haya momentos armónicos en mi vida, también los tengo. Todos tenemos momentos de un tipo y de otro, y es en los momentos menos felices cuando me suelo poner a escribir. Pero eso es solo una parte de mi vida y, al final, es algo común a todas las personas. Incluso las vidas más felices tienen sus momentos de intensidad.

P: Ese acercamiento intempestivo a tu persona, ¿ha llegado a molestarte?
R: La mayoría de la gente que conoces por ahí es muy maja, lo que pasa es que también hay personas un poco giradas que te pueden amargar una noche. Pero bueno, eso sin hacer música también te pasa. Hay veces que hablan como si supieran más de ti que tú mismo; es lo excepcional, pero lo recuerdas precisamente por eso. Yo soy muy fan de algunas cosas e incluso un poco mitómano, pero mitómano en el buen sentido. El culto a la personalidad del rock no tiene ningún sentido hoy en día; no sé si lo tenía en los sesenta, pero ahora no lo tiene. Me gusta leer literatura de rock, tener mitos y conocer cosas sobre ellos, pero para que me los tiren abajo. Cuando el culto a la personalidad te impide apreciar las canciones, lo importante, empieza el problema. Y es lo que suele pasar en este circo del rock. Me pasa a mí, así que imagino que a mayor nivel será incluso más absurdo.

P: Hablemos de algunas canciones. “El Mercado de Sonora”, por ejemplo, me gusta mucho.
R: Es un mercado que está en el centro de México D.F. Estuvimos tocando allí y lo visitamos. Hicimos un poco de turismo por la ciudad, primero fuimos al Mercado de la Ciudadela, que es muy turístico, venden cerámica, plata, las máscaras de los luchadores… el caso es que preguntamos por algo en un puesto y nos dijeron que lo tenían en el Mercado de Sonora, pero que “no nos convenía ir”. Me quedé con esa frase y empecé la canción con eso. Me pudo la curiosidad y fui al Mercado de Sonora otro día y la verdad es que es un sitio muy friki, un mercado enorme con una parte dedicada a la magia negra, donde hacen amarres, curaciones, pócimas mágicas, venden animales… puedes encontrar un montón de cosas diferentes y muy extrañas.

P: ¿Te atrae el rollo de las ciencias ocultas o la santería?
R: Bueno, como algo pintoresco y fascinante desde nuestra visión, sí que me atrae. Pero lo que me fascina de México es el arraigo de la cultura y creencias populares. Creo que eso es lo que determina su forma de entender cualquier manifestación popular como pueda ser la música. En eso son muy apasionados. En el Mercado de Sonora se venden estatuillas de la Santa Muerte, que tiene mucho culto allí. También son fanáticos de San Jesús Malverde y otros santos no reconocidos por la Iglesia Católica. Y tienen toda esta cosa con la muerte muy alegre y festiva, lo cual me fascina. En México compartes algo tan básico como el idioma, pero el choque cultural es muy fuerte.

P: Muchos de tus compañeros de oficio dicen lo mismo de México: la gente es más entregada. ¿Lo pasas mejor tocando allí?
R: Es que no son nada contenidos. A veces es un poco exagerado lo que ves, pero te da la sensación de que aquí estamos un poco inhibidos, de que vamos a los conciertos a analizar en lugar de a disfrutar.

P: “La Gran Broma Final” me ha recordado a alguna canción de Los Planetas.
R: Puede ser. Hay canciones de Los Planetas de ese tipo, como “Santos que yo te pinte”, que me gustan mucho. De Los Planetas me gusta que Jota es muy fan del pop, pero a la vez muy fanático de grupos como Spacemen 3, y creo que en discos como “Unidad de desplazamiento” supo conjugar ambas cosas muy bien. Esa canción puede tener un punto parecido, no lo había pensado, pero ya me lo han dicho alguna vez.

P: Esa canción expresa de forma abierta el final de una relación. Hay frases duras, pero también cierto humor a la hora de describir ciertas escenas.
R: Cuando la estaba haciendo era consciente de que hay que mantener distancia con las cosas que cuentas, aunque sea muy pequeñita. Es peligroso utilizar la crueldad en las canciones, aunque algunos maestros han sabido hacerlo muy bien. El humor sirve para adoptar una perspectiva que evita el regocijarse en algo poco ético.

P: ¿Es una canción sobre ti y sobre Christina?
R: Bueno, sí, partí un poco del final de mi relación con ella. Pero cuando vuelcas experiencias personales en las canciones, acabas encontrándote con que debes transformar esa realidad en otra cosa. Esa canción la reescribí bastante y, aunque partió de esa ruptura, no la siento como una canción personal o autobiográfica, sino como una canción que expresa la rabia e impotencia ante un sentimiento de pérdida.

P: “Reloj sin manecillas” puede resumir buena parte de lo novedoso que hay en el disco y de su estado de ánimo. ¿Cómo lo ves tú?
R: Sí, puede ser. No suelo hacer canciones tan cortas y, en ésta y alguna otra, me apetecía ser más sintético. Me daba la sensación de que, a veces, retorcía demasiado las canciones y hacía las cosas demasiado complicadas. Tiene un contraste entre estrofa y estribillo, es una canción de sombras muy luminosa en el estribillo, con ese punto positivo que creo deben tener las canciones. Y creo que sí puede resumir el estado de ánimo, esa mezcla tan contradictoria. Es raro encontrar, no ya en mis discos, sino en los de los demás, sensaciones de alegría o tristeza puras. Suele haber una mezcla de ambas, que es lo que nutre a las canciones.

P: El protagonista de la canción admite tener miedo. No parece una postura demasiado extendida hoy día.
R: Bueno creo que todo el mundo tiene miedo a un montón de cosas.

P: Sí, pero no se suele decir en voz alta.
R: A medida que uno cumple años va acumulando miedos, pero es importante no sucumbir al miedo que llega desde fuera. Hay un miedo muy peligroso que es el miedo al miedo. El miedo es un instrumento que algunos utilizan para que calen determinadas maneras de pensar. Al final, siendo un poco determinista, uno sabe que todos vamos a acabar igual. El miedo al paso del tiempo es común a todos, en mayor o menos medida. Sabes que es una batalla perdida, pero tienes que afrontar dicha batalla lo mejor posible, aunque sepas que vas a perder. Luchar contra el miedo es vivir, básicamente.

P: Antes decías que un momento armónico en tu vida no te lleva a componer. ¿Hace cuánto que no escribes una canción?
R: Siempre suelo tener canciones en la cabeza, pero salen en su momento. Nunca hago canciones en caliente porque, cuando lo he intentado, me ha salido una mierda. Después de una experiencia intensa no me pongo a escribir inmediatamente, sino que opero con la perspectiva del tiempo, la memoria y lo que observo a mi alrededor. La vida de un amigo puede dar pie a una canción: si veo que está felizmente casado y va a tener un hijo, no me pongo a escribir sobre eso, pero si al cabo de unos meses veo que están divorciándose y todo es un desastre es más probable que sí me salga una canción.

P: ¿Llegar a escribir canciones en condiciones vitales favorables sería una señal de alarma para ti?
R: Hay quien compone en otros estados, es cierto. Pero se da el caso de que algunos autores han hecho sus peores discos en los momentos de mayor estabilidad. Creo que fue Conor Oberst quien dijo que preferiría ser feliz y no hacer canciones. Supongo que todo el mundo prefiere ser feliz, lo que pasa es que ver la felicidad como objetivo es difícil, porque la vida está hecha de momentos bajos y altos. Con tener un mínimo de humor y poder pasarlo un poco bien ya me parece suficiente… decir que la felicidad es un objetivo me parece un exceso de idealismo. Mientras haya cosas que te sigan desconcertando siempre habrá canciones, porque el desconcierto es condición sine qua non para que haya canciones.

5 comentarios:

Anónimo 2 de febrero de 2011, 10:07  

Gran entrevista.

Anónimo 2 de febrero de 2011, 10:50  

Tanto en esta entrevista como en la de la radio del otro día dice que el público de méxico es más entregado. ¿eso quiere decir que prefiere los conciertos en los que la gente canta, grita...a los de aquí que, en general, son bastante silenciosos??
Sería una buena pregunta para hacerle.
Porque realmente si lo pensáis, en los conciertos en los que estamos atentos a escucharle y nos molestan, como otras veces hemos hablado los gritones, no dejan de ser todos iguales, sin interacción entre él y el público.
¿qué tienen de diferentes estos conciertos?¿qué hace que tenga mejor recuerdo de uno u otro?
Qué hace que un día se sienta cómodo y quiera tocar un poco más?
NADA
Yo prefiero escucharle en silencio pero es cierto que de esta forma para él tienen que ser todos iguales. Supongo que si ves que "levantas" a la gente te llevas otra sensación. No sé.
Ele.

K 2 de febrero de 2011, 11:25  

Acabo de leer otra entrevista en el pais online. Me gusta ver como las notícias de Nacho no paran de salir. Movimiento. La Gira. Oh! yeah!

:)

bydiox 2 de febrero de 2011, 11:27  

@K: Sí, pero la de El País es poco relevante creo. No aporta mucho y no es plan de poner tooodas las cosas que salen.

¿O sí?

Anónimo 4 de febrero de 2011, 0:38  

La entrevista es interesante; me llama la atención el concepto algo ingenuo de felicidad que maneja Nacho, así como el de utilidad (decir, por ejemplo, que el amor es "inútil" es entendible sólo si tenemos un espectro muy reducido acerca de lo que puede significar "utilidad").
Respecto de lo del público, no hay que olvidar que Nacho Vegas es un músico que canta sus canciones y que da conciertos; si no esperara reacciones del público y si su único afán fuera que la gente escuche con atención lo que él tiene que decir, grabaría discos sin salir de gira y buscaría otro medio para ganarse el pan, ¿o no?

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