Blog Widget by LinkWithin

domingo, 6 de febrero de 2011

Y la música en Pravia

Nacho Vegas ha escrito un artículo titulado 'Y la música en Pravia' en El Comercio Digital. En él habla de la creación y de lo que supone el proceso de grabación de una canción para un artista.

Hacer un disco es, básicamente, tratar de poner un poco de orden. Nada más y nada menos. Ello implica, claro, una situación previa de desorden, y todo lo que rodea al desorden está inevitablemente empañado por una sensación de absurdo y de pérdida del control que planea sobre los meses previos al lanzamiento del disco. Escribir e interpretar canciones es un oficio, igual que el del carpintero que talla la madera y ensambla las piezas, y uno debe desarrollarlo con paciencia y esmero sin importar cuántas fotos o entrevistas le van a hacer o cuántas palmaditas en la espalda le van a dar. Pero ocurre también que de alguna manera jugamos a ser dios, dicho esto con todos los perdones del mundo, y hasta el mayor de los ateos sabe lo peligroso que es eso. Hacer un disco es crear un pequeño y en cierto modo miserable cosmos, y cada canción es un planeta que hay que acabar colocando en la órbita adecuada. Si no lo hacemos con cuidado, los planetas empezarán a flotar por el espacio como gallinas borrachas y se acabarán estrellando unos con otros y, como todo el mundo sabe, si un día chocamos contra otro planeta de esa no nos salva ni San Jenaro.

Todo empieza con algo aparentemente insignificante, un minúsculo anfibio invertebrado que se acabará convirtiendo en toda una rana hecha y derecha si este ridículo dios quiere. Por ejemplo, uno se levanta una mañana y baja a tomar un café y a leer la prensa. Y hojeando un periódico, pongamos que se trate de EL COMERCIO, se detiene en una crónica sobre una negligencia médica un poco absurda que ha acabado con la vida de un paciente que había acudido a tratarse una sinusitis. El titular reza: «Relato de un error». Y en ese momento nace algo.

En las siguientes semanas, o incluso meses, irá tomando forma una canción que eventualmente se titula 'Relato de un error' y que no habla en absoluto de negligencias médicas, sino de otro tipo de errores morales e igualmente fatales de los que es tan difícil hablar que uno tiene que acabar cantando. En otra ocasión todo comienza con la melodía de una vieja canción de Hank Thompson que me martillea la cabeza. Y en otra, con una frase escuchada en un mercado callejero a una vendedora. O con un viejo cuento infantil leído en alguna parte, o con un accidente doméstico en el que estaban implicados una olla con agua hirviendo y tallarines, un par de manos torpes y una lagartija. Los puntos de partida son múltiples, lo que uno no sabe nunca a ciencia cierta es adónde le llevarán. Las canciones son como animales pastando libremente por el campo. Llega un momento en el que hay que reunir al rebaño, hay que meterse en un estudio y atar a las canciones en corto. 'La zona sucia' es un álbum que tiene su origen en Gijón y en Madrid y en San Martín de Oscos y en Valencia y en Formentera y en México DF.


Todo han sido paradas en un trayecto cuyo primer destino era El Puerto de Santa María, en Cádiz, y cuyo destino final es incierto y en todo caso ya no será de mi incumbencia, porque cuando uno abandona su disco y lo entrega a fábrica, dimite de ser dios y que sea lo que otro dios quiera. Porque en fin, no hay cosa más tristemente humana que creerse divino. No hemos llegado a ninguna parte, pero sí a esta conclusión. Hablaba de El Puerto de Santa María, del lugar en el que está ubicado el estudio de Paco Loco. El lugar donde uno dice: hoy toca ordenar y limpiar la casa. Y el lugar en el que, cuando uno mueve el sofá, ve que detrás hay más mierda de la que había imaginado. Ocurre algo desconcertante con los discos: uno no sabe muy bien si las canciones que contiene pertenecen al momento en que fueron escritas o al momento en que fueron interpretadas en el estudio. Probablemente a ambos, aunque yo nunca he entendido muy bien el concepto de la doble nacionalidad, me hace desconfiar. Pero vamos a permitirnos decir que sucede algo mágico con las canciones, y es que son capaces de reinventarse, de volver a nacer, cada vez que son interpretadas. Cierto es que no siempre vuelven a nacer gozando de la misma buena salud, pero eso es otra historia. Así que un disco es una grabación que registra una sola de las infinitas interpretaciones que pueden darse de cada canción, una sola de sus múltiples vidas. Bien, no es tan tremendo. En última instancia se trata solo de entrar al estudio y hacerlo lo mejor que uno puede, pero basta con que uno piense en esos términos por un momento para que la ansiedad se instale. Por eso es fundamental el entorno a la hora de grabar, y por eso suelo preferir alejarme de Gijón para hacerlo. En el estudio de Paco no solo grabamos, sino que vivimos y compartimos los días con él y con Muni, su mujer, y la sensación es la de estar apaciblemente aislado del mundo allá fuera, de aquella zona sucia donde se gestaron las canciones. Empezamos a grabar el pasado julio, justo cuando se celebraba el mundial de fútbol. El día de la final, la banda había regresado ya a casa y me había quedado yo solo para grabar voces. Vi el partido con Paco y Muni en su salón, y a mis pies se acomodó también McClovin, un precioso y enorme mastín de unos 100 kilos que hoy se encuentra en algún otro lugar por esa manía suya tan tonta de morder a la gente. Así que puedo decir que mi celebración del gol de Iniesta tuvo que ser la más insulsa de toda España, no fuera a ser que a la bestia le inquietara mi euforia. A la mañana siguiente estaba cantando en el estudio, y parecía que nada fuera de lo normal hubiera sucedido. Allí seguía habiendo paz -fuera de mi cabeza- y yo tenía otras cosas en las que pensar, cosas como canciones. Regresé a finales de septiembre para mezclar el disco, justo después de la huelga general del día 29. El paro en Asturias había sido un éxito, y al entrar otra vez en el estudio volví a tener la sensación de que el mundo se había detenido. Eso es lo que ocurre cuando grabas un disco, que consigues detener el reloj por unos momentos. Como en la final de un mundial de fútbol, o como en una huelga general. Después, las cosas vuelven a sucederse una detrás de otra sin tiempo para asimilarlas y la realidad se impone de golpe, tan feota y maleducada como puede llegar a ser. Luis Rodríguez, un músico gigantesco con el que tengo la suerte de compartir canciones y conciertos, lo diría así: hacer un disco es tocar, cantar, escribir, corregir, poner, quitar, pensar y querer dejar de pensar... y la música en Pravia. Sobre todo eso. Es que hacer un disco es, siempre, librar una batalla contra el desánimo, ese tipo que se mete en tu cama demasiadas noches y demasiadas mañanas sin que tú lo hubieras invitado y con el que invariablemente hay que cumplir para que te deje en paz. Y la batalla, a veces, se gana.




P.D: Sí, lo de hacer párrafos más cortos no es lo suyo.

10 comentarios:

Anónimo 6 de febrero de 2011, 23:33  

¿A cuanto de que viene lo de Pravia?

Anónimo 6 de febrero de 2011, 23:40  

No tiene mayor secreto. Va citando algunos lugares en los que se gestó el disco y Pravia será uno de ellos, aunque no lo cite en el texto.

Por cierto, ¿no hay forma de hacer una escucha previa del disco con algún enlace que haya por ahí?

Anónimo 6 de febrero de 2011, 23:41  

Ah, veo que cita Pravia al final, si. Había hecho una lectura rápida. Pero vamos, la explicación viene a ser la misma.

Anónimo 7 de febrero de 2011, 1:20  

Yo que pensé que era por lo de los jabones y perfumes que desde 1905 marcaron nuestra cultura...aunque si nos remontamos a la historia Pravia fue la capital del reino...
je,je,je

Anónimo 7 de febrero de 2011, 6:45  

http://www.youtube.com/watch?v=ytbP_Kt5dP0&feature=related

Miguel Barrero 7 de febrero de 2011, 9:49  

No, no. Os informo: "...Y la música en Pravia" es una expresión popular asturiana que suele colocarse al final de una enumeración y que viene a significar "y mucho más", o similar.

Anónimo 7 de febrero de 2011, 12:46  

Gracias Miguel, se agradece la aclaración.


No veo yo a Nacho muy de Xirin... ¿o si? jaja



J.

ave de estinfalo 7 de febrero de 2011, 17:56  

worale, se ve bien en esa foto ^___^

Elimelec 7 de febrero de 2011, 20:46  

Me preguntaba cómo había sido la celebración de Nacho en la victoria de España en la copa mundial, me ha hecho mucha gracia!!! :D

Anónimo 7 de febrero de 2011, 21:17  

Gracias por la aclaración Miguel...parace que algunos estamos en Babia- claro que eso les suele pasar a los de León...-
en Babia ...:ausente o ajerno"
en Pravia..."y mucho más"
pero lo más importante en estos momentos es estar pendiente de la "zona sucia".

Volver ARRIBA